La construcción de redes en el marco de la transdisciplinariedad

La construcción de redes en el marco de la transdisciplinariedad

Autora: María Lourdes Bruzco Hurtado

Introducción

Una de las estrategias que emerge en el contexto de la sociedad informacional es el desarrollo de redes, por ejemplo, académica, productiva, política, tecnológica, por cuanto fomentan la interacción y colaboración entre los elementos vinculantes, fortaleciendo la cooperación entre ellos. Según Castells, (2000), el comportamiento de la sociedad actual es en forma de entramado, en consecuencia, se pueden analizar todos los elementos, los flujos, relaciones, forma de comunicación, ejercicio de poder y operaciones. Su origen está ligado a la teoría de grafos, usualmente asociado a las matemáticas, pues está concebida por vértices o nodos que representan los aspectos comunes, coincidentes y aristas o lados, simbolizados por personas, objetos, organizaciones, regiones o países, que al conectarse en un ambiente o contexto específico evolucionan en sí mismo impulsados por sus componentes.

Desde esta perspectiva encuadra lo racional y lo sensorial del sujeto que investiga, para quien y por qué lo hace, revelando su posición con el objeto en la medida que examina y construye un marco teórico pertinente, en el cual emergen relaciones que integran diversas formas de investigación  y matrices de aprendizajes indiscutiblemente vinculadas a un proceso de carácter inquisitivo del que indaga, pues aunque la experiencia es importante, no es la única fuente de conocimiento, sino que éste surge en la medida que pensamiento lógico del racionalismo coexiste con la experiencia sensorial del empirismo. Y más aún, buscando que se nutran, reconociendo al mundo como lo que es, una unidad diversa, en el que se puede, a través de un esquema cognitivo, atravesar distintas disciplinas.

En este sentido,  se plantea reflexionar sobre la construcción de redes en el marco de la transdisciplinariedad, para lo cual se revisa el surgimiento de estos vínculos,  conceptualizaciones, empezando por el Manual de Análisis de Redes Sociales, diversas tipificaciones que comprenden el número de elementos, la geografía, las estrategias y la visualización a través del modelo sobre el estudio de las organizaciones de Schvarstein (1998), específicamente, por las decisiones que deben tomarse para salir al encuentro de la realidad a abordar, concentrando esfuerzos para entenderla, para dialogar con la multiplicidad de los saberes humanos.

Desarrollo

El origen de las redes es muy antiguo, existen evidencias de su funcionamiento en los acueductos romanos, la gran muralla China y las pirámides de Egipto, entre otras; dejando convencimiento en el mundo de los niveles de organización aplicados en cada caso. No obstante, el término se encuentra indisolublemente ligado al manejo de información y su historia se remonta a principios del siglo XIX, cuando Suecia y Francia hicieron los primeros intentos de establecer un sistema amplio de comunicaciones con la instalación del telégrafo basado en un procedimiento de repetición de la información; posteriormente, se desarrollaron las redes telegráfica y telefónica, revolucionando la transmisión de datos e información a nivel mundial.

Sin embargo, el impacto generado a la humanidad por Internet, a partir de los años 60 del siglo XX, está considerado sin precedentes por cuanto los volúmenes y la calidad de información que se maneja superan intentos anteriores. La iniciativa surgió en Francia, Reino Unido, Canadá, Noruega, Japón y Suecia, en 1972. Para esa época y con tecnología procedente del Reino Unido y Suecia,  Estados Unidos,  empezaba a trabajar en este campo, a través de la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación de la Defensa de EE.UU (DARPA), quien financió un proyecto para desarrollar un mecanismo de comunicación que sobreviviera a un conflicto, el proyecto fue bautizado como Arpanet, la cual sirvió para fines militares; posteriormente se creó el correo electrónico, se usaron otras denominaciones, hasta adoptar el término usado en la actualidad.

Simultáneamente, advino la teoría general de sistemas la cual surgió con los trabajos del biólogo alemán Ludwig Von Bertalanffy, publicados entre 1950 y 1968, este investigador criticó la mirada del mundo fraccionado en disciplinas e impulsó el enfoque de las organizaciones interrelacionadas con los diferentes ambientes que en su seno se manifiestan, reuniendo conceptos y principios interdependientes con experiencias prácticas de la propia naturaleza.

Lo anterior responde, según Nonaka y Takeuchi (1999) a la visión unificadora introducida en el siglo XVIII por Immanuel Kant, al señalar que su argumento consistía en que “el conocimiento surge cuando tanto el pensamiento lógico del  racionalismo como la experiencia sensorial del empirismo trabajan juntos” (p.27); articulando las posturas históricas de Platón y Aristóteles respectivamente, sobre la relación sujeto-objeto y que fueron heredadas por filósofos como Descartes (racionalismo francés) y Locke (empirismo británico). De manera que, estudiar a las organizaciones utilizando la teoría general de sistemas, conlleva, indiscutiblemente a cuestionarla, dividir todas las dificultades posibles, mantener un orden, afrontar los aspectos de menor a mayor complejidad, contemplar lo técnico, humano, sin olvidar que son objetivas por naturaleza.

Ahora bien, en la actual y reconocida era de la información, el fenómeno de la globalización, demanda un conjunto de estrategias a seguir. Dentro de éstas destacan, por un lado, la flexibilidad que deben tener las organizaciones para reorganizarse y adaptarse en respuesta a los cambios y por el otro, la interacción, colaboración y cooperación entre las personas o empresas relacionadas, facilitando así, el diseño de estructuras comunes, el fortalecimiento de las negociaciones frente a los compradores de sus productos, una mejor posición en el mercado, entre otras. Es así como las redes responden a este curso de acción a seguir.

Al respecto, Velásquez y Aguilar (2005) señalan que:

Una red se entiende como un grupo de individuos, que en forma agrupada o individual, se relacionan con otros con un fin específico, caracterizado por la existencia de flujos de información. Las redes pueden tener muchos o pocos actores y una o más clases de relaciones entre pares de actores. Una red se compone, por tanto, de tres elementos básicos, los cuales son: nodos o actores, vínculos o relaciones y flujos. (p.3)

Es decir, son agrupaciones sociales que tienen como objetivo promover las actividades que los miembros realizan, fomentando la cooperación armónica y permitiendo la convivencia entre sus integrantes para compartir experiencias, aprender mutuamente y lógicamente hacer negocios de manera conjunta.

Precisamente, Bonomie y Meleán (2007), establecen: “que la cooperación implica considerar a los proveedores, clientes y competidores como posibles aliados y como fuentes de información, lo que promueve en un momento determinado un ambiente de mercado concertado” (p.8). Así mismo para Castells (2000), las empresas entramadas se conectan y desconectan a la misma según lo van necesitando. De aquí que puede afirmarse que esta estrategia puede estar en vía de convertirse en la forma institucional de esta era, en vista de que ofrecen a los gerentes una excelente solución operativa de cara a los retos impuestos por los imperiosos requerimientos de flexibilización.

En cuanto a su tipología, atendiendo a los criterios: complejidad, dirección, ocupación espacial, industria y posición, correlativamente con los autores  Zizaldra (2009), Mifflin 2005, Rodríguez de R 1999 y Bennett 1997 referidos por Bonomie y Meleán (2007), se encuentran  las redes: centralizada, descentralizada, distribuida, topológica nula,  relacionada o coherente,  en forma de árbol y el subgrafo; horizontales, verticales, cadenas productivas y sistemas productivos; regionales, nacionales e internacionales; polos industriales basados en pequeñas empresas, sistemas de producción limitados geográficamente y basados en grandes empresas y alianzas estratégicas entre grandes empresas y finalmente,  internas y externas. “La complejidad de las redes depende del número de nodos, de su naturaleza, cantidad y tipos de enlaces que se establezcan entre ellos y de la magnitud de los flujos de productos o información que representan estos enlaces” (González, en Bruzco, 2011, p.34).

Si la malla tiene un único nodo que concentra y distribuye la información mientras que los otros nodos no interactúan, se llama centralizada. Si existen varios nodos en donde se concentra y distribuye la información, se dice que es descentralizada. Cuando cualquier nodo se conecta con cualquier otro, la información se intercambia con mayor eficiencia y se llama red distribuida. Si está caracterizada por nodos que no están unidos por tramos, es una red nula. Si existen dos nodos unidos por un tramo, es simple. Las mallas formadas por dos o más tipo simple no conectadas, se denominan subgrafos. Si no es simple, se denomina multigrado.  Cuando todos los vértices se encuentran conectados por arcos, se llama relacionada o coherente.  Las relacionadas, cuyo número de arcos es igual al número de nodos menos uno, es en forma de árbol y a su vez puede ser circuito, cuando un tramo empieza y termina en un mismo nodo.

Cuando las redes se originan como resultado de estrategia de cooperación entre empresas de un mismo ramo y/o sector industrial, son horizontales; por el contrario, si el entrelazamiento es con empresas de mayor y/o menor jerarquía, entonces se habla de una cooperación vertical y cuando concierne a varios sistemas productivos de una localización, es tipo sistemas y cadenas productivas, polos industriales basados en pequeñas empresas y sistemas de producción limitados geográficamente. También surgen por alianzas estratégicas entre grandes empresas.   Cuando se originan considerando la ocupación espacial se hace referencia a tramas regionales, nacionales e internacionales y si el enfoque es la dirección en la que fluye la cooperación, entonces se denominan verticales o laterales.

Asimismo, las hay internas, lo que significa que se han eliminado barreras y jerarquías internas, reduciendo su tamaño y funcionando a través de unidades autónomas, orientadas hacia el mercado y vinculadas horizontalmente. Y externas, si se han eliminado sus límites con el entorno, estableciendo una amplia gama de acuerdos de colaboración con otras organizaciones. Finalmente pueden ser integradas, esto es que adquieren comportamiento de un sistema, promoviendo interdependencia entre las partes y el todo, entre individuos y organización, siendo su razón de ser la complementariedad a partir de la interdependencia. Cuando una empresa reconoce tener dependencia de determinados recursos, busca relacionarse con otra u otras, a fin de mejorar su potencial empresarial, definiendo estrategias, seleccionando las técnicas más apropiadas para desarrollarse e involucrando al personal, delineando su propio modelo de gestión del conocimiento. Y sustentable, la cual sugiere un contexto con factores económicos, tecnológicos, ecológicos, sociales y políticos que faciliten su operatividad armónica en el tiempo.

Es evidente, que ante estas múltiples posibilidades, las organizaciones, inmersas en un mundo diverso, deben aunar esfuerzos para modificar la manera de hacer las cosas a nivel de todas sus funciones, planificación, organización, dirección y control y a nivel de las políticas, normas y procedimientos, adecuándose y respondiendo a las necesidades del entorno, con espíritu colaborativo. 

Entonces, desde el modelo propuesto por Schvarstein (1998), la construcción de redes con la mirada puesta en la transdisciplinariedad, genera tensiones en la mente del sujeto, por cuanto racionalmente decide sobre el camino a seguir entre un conjunto de alternativas, probablemente, también propuestas por él para salir al encuentro de un objeto; el cual, en función de los actores, presentará distintas facetas; por consiguiente, el sujeto concentra esfuerzos por entenderlas y relacionarlas. Asimismo, la selección de las teorías y las corrientes predominantes, los vínculos con algunas disciplinas y con otras no y la inseparabilidad entre sujeto analizador y objeto analizado, también genera tensiones. Lo que deja en evidencia la esencia de lo humano haciendo esfuerzos por unificar las corrientes empírica y racionalista tal y como lo propuso Kant.

Precisamente, este primer aspecto demanda una organización y fundamentación sobre las redes y sobre el conocimiento derivado y producido al interior de las organizaciones que conformaran dicho entramado, buscando la autorreflexión y autoevaluación de la ciencia, reconociendo tanto los avances como los obstáculos que se puedan ir presentando, a fin de que la información llegue a trascender, mediante una acto creativo de reconstrucción, hasta alcanzar nuevas fronteras del conocimiento científico.

El segundo aspecto contenido en este modelo, precisa definir y categorizar el objeto de estudio, reconociendo que la naturaleza de la realidad es divergente, múltiple y admite ser construida, posibilitando la generación de nuevos conocimientos; pudiendo, “asignar variedad de significados al mismo significante, lo que introduce la necesidad de reconocer cuál es el significado situacionalmente más adecuado” (Schvarstein, 2006, p.55).  En este nivel se deben resolver las contradicciones dialécticas, la concepción del objeto de estudio y sus correspondientes implicaciones, la visión a través de las distintas disciplinas que lo abordan, las contradicciones de carácter universal y los niveles de recursividad, lo cual demanda de la aplicación de un proceso decisorio, el cual,  

…incluye dos imágenes: a) la referencia a un proceso reflexivo, razonado y conectado con las demandas ambientales (una actitud estratégica) y b) la expresión de una toma de posición, de una capacidad de movilizar los recursos para mejorar el desempeño de la organización (una actitud proactiva). (Etkin, 2009, p.283)

Así, la construcción de redes se concibe en la mente del sujeto, éste se apropia del proceso bajo la influencia de los teóricos consultados, pero reconociendo su existencia.

El tercer aspecto pone foco en circunscribir el problema en cuestión, teniendo presente los aspectos relacionados al conocimiento y la postura adoptada por el investigador, así como el ser del objeto. Para lograr este encuadre, se identifican las relaciones que existen, así como los actores, el origen de los recursos. las técnicas a utilizar en la investigación, la forma, los modos de comunicación y los criterios para evaluar la eficacia de dicho proceso; por eso, en el esquema articulado de conceptos para operar, debe existir coherencia entre estos aspectos y aquellos que identifican al ente en tanto ente.

En este nivel, el uso de la hermenéutica es pertinente, sobre todo porque “es una herramienta de acceso al fenómeno de la comprensión y de la correcta interpretación” (Gadamer, 1988, p.23)  y “es necesario dirigirse a la experiencia estética y al conocimiento histórico” (D´Agostini, 1997, p.343) para entender el significado de la hermenéutica, por lo tanto,  el objeto de estudio puede interpretarse como obra de arte siendo partícipe de su construcción y como hecho histórico, conscientes del conjunto de prejuicios o condiciones que afectan la visión de estos hechos, así como las circunstancias y situaciones, que en un momento específico,  lo determinan, por lo que indiscutiblemente, se parte de una realidad que rodea al objeto de estudio, impulsando la creación de conocimiento al estrechar pensamiento lógico del racionalismo con la experiencia sensorial del empirismo.

El cuarto aspecto busca identificar los valores que asume el sujeto que investiga en el reconocimiento y legitimación de las diversas teorías consideradas , así como de su praxis social; por consiguiente, en una red converge la cooperación, contribución, relaciones, intereses comunes, entre otros, sin perder de vista el enfoque señalado por Schvarstein (1998, p.236) “en cada valoración está el valorador”;  por lo tanto, a medida que se examinan e interpretan  los valores de las redes, el investigador, también traslada los suyos, bien de naturaleza profesional, o familiar, en la selección del problema, las teorías, el método y el análisis.

Finalmente, se reflexiona sobre el aspecto teleológico, rama de la filosofía que estudia las causas finales de las cosas. Esta acción responde a una intencionalidad asumida de manera consciente y crítica, precisado sin lugar a dudas, cuando se declara la finalidad de la investigación. El fin de las redes es unificar flexiblemente  a los departamentos, unidades, empresas, en fin nodos y segmentos,  bajo un esquema de cooperación mutua que incremente la competitividad en lugar de la competencia, determinando actividades afines integradas hacia adelante,  hacia atrás, en paralelo o en diagonal.

A la luz de las afirmaciones anteriores, cualquier movimiento productivo demanda articulación entre sus agentes y los niveles de competitividad ya no se conciben de manera aislada, por el contrario, su éxito se refleja en el sector en el cual se desarrolla la actividad e indudablemente en las políticas que determinado gobierno ofrece a su aparato productivo para que pueda competir en el mercado. Aunado a esto, también hay que considerar la gestión organizacional propiamente dicha, debido a que esta constituye el soporte para el desarrollo de las redes.

Conclusiones.

En un sentido amplio, las redes son un entramado de nodos, segmentos y su dirección, que guardan alguna relación y que a través de esta representación buscan explicarlas. En el contexto de las ciencias sociales, los nodos son personas que se vinculan con un fin específico cooperando y colaborando, compartiendo experiencias, nutriéndose recíprocamente en un ambiente de negociación. Aunque el término está asociado a la invención del telégrafo y el teléfono a principios siglo XIX, el mayor impacto sobrevino con la Internet y el advenimiento de la teoría general de sistemas a mediados del siglo XX; no obstante, su origen es verdaderamente muy antiguo, pues este concepto está presente en los vestigios de acueductos en Roma, muralla China y pirámides de Egipto.

Con el desarrollo de esta teoría, se criticó la mirada del mundo fragmentado, se impulsó la visión de organizaciones interrelacionadas y sobrevino la posibilidad de articular el pensamiento lógico del racionalismo con la experiencia sensorial del empirismo, reuniendo esfuerzos para entenderlas, considerando la diversidad de disciplinas, la posibilidad de atravesarlas y los saberes humanos que las conforman. 

De esta manera, las organizaciones en forma reticular, se han constituido en una excelente estrategia para afrontar los acelerados cambios de los tiempos actuales, sobretodo porque pueden conectarse y desconectarse según sea necesario, así como pueden conformarse en un amplio abanico de tipologías en función del número de elementos, las vinculaciones geográficas y las estrategias a implementar.

Un repaso a lo interior de las organizaciones, revela que la construcción de redes en el marco de la transdisciplinariedad genera tensiones en la mente del sujeto que indaga, por las decisiones que requiere tomar, referentes al camino a seguir para salir al encuentro del objeto, también por el significado que le va a dar, cómo lo va a circunscribir, quienes están involucrados, cómo se comunican, reconociendo lo útil de aplicar hermenéutica, la experiencia estética y el conocimiento histórico, estando en esta valoración el valorador y comprendiendo que la construcción de retículas unifica de manera flexible, siendo que la articulación entre los actores es necesaria, así como la gestión organizacional propiamente dicha, todo direccionado al fortalecimiento de los distintos sectores que conforman una sociedad.

Referencias

Bonomie, M y Meleán, R. (2007). Redes empresariales como estrategia de cooperación en el sector avícola del estado Zulia.Compendium, 10(019), 5-30.

http://revistas.uclave.org/index.php/Compendium

Bruzco, M (2011). Redes empresariales: paradigma emergente para solucionar problemas en PyMEs cacao, estado Sucre.  [Trabajo inédito de Ascenso]. Universidad de Oriente.

Castells, M. (2000). La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. Fin de Milenio. (Vol.3). México DF: Siglo XX1 Editores.

D´Agostini, F. (1997). Analíticos y continentales. Guía de la filosofía de los últimos treinta años. Madrid: Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S.A).

Etkin, J. (2009). Gestión de la complejidad en las organizaciones.Buenos Aires:Ediciones Granica, S.A.

Gadamer, H-G. (1988). Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica Filosófica. Salamanca: Ediciones Sigueme.

Nonaka, I y Takeuchi, H. (1999). La Organización creadora de Conocimiento. México: Oxford UniversityPress.

Schvarstein, L. (2006). Psicología Social de las organizaciones. Nuevos aportes.  Buenos Aires: Editorial Paidós.

Schvarstein, L. (1998). Diseño de organizaciones. Tensiones y Paradojas.  Barcelona: Editorial Paidós.

Velásquez, A. y Aguilar, N. (2005). Manual Introductorio al Análisis de Redes Sociales. http://revista-redes.rediris.es/webredes/talleres/Manual_ARS.pdf

Zizaldra, I. (2009). Redes transfronterizas en Turismo. [Tesis de Doctorado].

http://www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/7961/tizh.pdf?sequence=1

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